El anzuelo de las adicciones ¿por qué son tan pegajosas?


Una cosa es cómo las adicciones se iniciaron y otra cosa es de qué modo se mantienen. El poder de las adicciones –aquello que las sostiene a lo largo del tiempo- no solo radica en su oferta de huida del dolor, sino que además se basa en sus inherentes recompensas o beneficios de corto plazo.

Por ejemplo, el uso de alcohol puede favorecer el que una persona muy insegura se sienta fácilmente relajada e incluida en ciertas situaciones sociales. La persona descubre una varita mágica que aparentemente le soluciona su problema social. En el caso de los juegos de casino, la persona puede ganar mucho dinero en un determinado momento, se sentirá hábil y poderosa. Tendrá un baño de orgullo, su autoestima brillará como nunca. Para quienes son adictos a la conquista sexual, la seducción genera mucha adrenalina. Y definitivamente, obtener el consentimiento sexual de la otra persona implica una gran sensación de reconocimiento y validación. Estos son los “premios” que cada adicción tiene, lo cual explica –al menos en parte- por qué se trata de conductas tan difíciles de detener.

Lamentablemente, es una lástima que estos premios sean tan efímeros e ilusorios, pues, conforme pasa el tiempo, a los ojos de un buen observador, se devela su falta de consistencia. Es decir, a la larga, lo que las adicciones “prometen” –aquello que aparentemente tienen de bueno- termina por no cumplirse. Por eso, en esencia la adicción representa una gran mentira. Lo que pasa es que la persona adicta tiende a no ver o a no asumir esa mentira.

Dr. Gonzalo Acuña