Pedro, psicólogo.

Han pasado tres años exactos desde que comencé mi tratamiento por adicción a las drogas (cocaína, pasta base, marihuana) y un año desde que termine el tratamiento. Debo agregar que mi situación se complejizada por acompañar este cóctel con hechos delictuales, robos, problemas con la justicia, perdidas de trabajos, cambio de ciudad y serio riesgo de perder a mi familia, sra y dos hijos. Mientras escribo esto, estoy sentado bajo la sombra de unas encinas maravillosas, en un campo de descanso familiar de mi familia política, veo correr a mis hijos, escucho gritos de preparación de porotos granados, veo a mi suegro leer, en resumen se respira cotidianeidad, la misma que durante mucho tiempo no sentí. Escribo esto con el sentido de poner las cosas en su lugar, no quiero hablar de lo complejo de lo vivido, ni predicar contra las drogas, al fin cada un@ hace lo que le parece, sólo me permito recomendar reconocer los límites propios. Cuando digo poner las cosas en su lugar, me refiero a “normalizar” los tratamientos de adicciones, cómo de cualquier enfermedad dolorosa. Cuando se consume drogas en exceso se pierde el centro, se deja de pensar, de sentir, un@ se auto destruye y se daña a otr@s de manera profunda. Insisto cómo cualquier enfermedad dañina, aunque con dos matices, un@ elige tenerla (no le llega) y dos es para siempre, me refiero a que un@ se sana pero cómo ex adicto. Pero tranquil@s que se puede vivir con normalidad absoluta, hacer lo que se quiere hacer en libertad. Al comenzar el tratamiento pensé que la vida para mi se terminaba, que me declaraban interdicto, que iba a ser un dependiente de otr@s por siempre, y es normal sentirlo, un@ llega confundid@, perdid@, escucha a la familia, a siquiatras, socolog@s, que te hablan del tratamiento, en que consiste, cuánto tiempo dura, etc. Esa era mi preocupación central, ¿cuánto dura?. Y saben, dura lo que tiene que durar, hasta que se esta sano, y eso no se busca con impaciencia y además no lo decide un@, para eso hay expert@s en el tema. Claro el principio es difícil, cómo todo los comienzos, yo estaba internado durante el día, con prohibición de estar sólo, sin manejar, sin trabajar, sin manejar dinero. Pero eso pasa, a los tres mese ya trabajaba, pude volver a andar sólo hasta las 21:00, trabajar, etc. Y en las siguientes etapas las libertades aumentan y la vida se vuelve a parecer así misma. Debo decir que las restricciones iniciales son absolutamente razonables, y tienen que ver con asegurar la detención del consumo, condición esencial para poder enfrentar el tratamiento. En la segunda etapa, cuándo ya no se esta todo el tiempo en el centro de rehabilitación, comienza de verdad la cosa, al menos para mi, porque ya no se trata de atacar la emergencia, si no la reconstrucción (en términos de terremoto) propia. Y aquí la cuestión empieza a depender de un@, porque es el esfuerzo personal de buscar razones, motivos, explicaciones, pero sobre todo el trabajo profundo de darle la vuelta al asunto y elegir vivir de manera distinta. Es agotador y desafiante, pero maravilloso, lo que el equipo llama el trabajo terapéutico. Un manjar para quienes seriamente nos comprometimos en nuestra sanación, oportunidad preciosa para ser un ser humano más completo, más allá de la dicción. En términos prácticos esta etapa es menor en tiempo dedicado (horas), pero mayor en profundidad, lo impactante es ver cómo el cerebro se recupera y se ensancha. Las etapas finales van abriendo caminos y posibilidades futuras, se habla menos de drogas y más de la vida, se diseña un camino, se prepara para seguir absolutamente sol@. Aquí se refuerza la seguridad en un@ misma. Finalmente quisiera retomar lo que dije al comienzo, estoy escribiendo esto bajo la sombra de unas encinas maravillosas en un lugar de descanso familiar, en el computador suena Congreso, la canción… “Todas las esquinas”, ¿que dice? “Ven para la Libertad”, contestar que gané durante el tratamiento, me parece innecesario, esta clarito….
2014-01-09T21:30:29+00:00
"El esfuerzo personal de buscar razones, motivos, explicaciones, pero sobre todo el trabajo profundo de darle la vuelta al asunto y elegir vivir de manera distinta. Es agotador y desafiante, pero maravilloso”