Trastorno Alimentario por atracones: ¿una adicción a la comida?

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Trastorno Alimentario por atracones: ¿una adicción a la comida?

El Trastorno Alimentario por Atracones (TAA) es definido como un “Trastorno caracterizado por episodios recurrentes de consumo  de grandes cantidades de alimento, en corto periodos de tiempo, usualmente de manera aislada e incluso en ausencia de hambre. Este patrón de alimentación se acompañaría de una sensación de pérdida de control sobre la ingesta durante el episodio y persistiría a pesar del disconfort físico que produce, estando asociado con altos niveles de estrés y sentimientos de culpa y desagrado.

Recientes estudios sugieren una prevalencia de TAA en la población general de 6,6%. Otro estudio hablaría que el TAA sería el más común de los Trastornos de la conducta alimentaria, con una prevalencia de vida del 2 al 3 % en la población general.

Al existir en el TAA una sensación de pérdida de control y un consumo compulsivo de grandes cantidades de alimento en forma recurrente, ¿se podría considerar esta como una especie de  “conducta adictiva a la comida”?

Un robusto consenso entre los distintos investigadores del tema, plantean que la obesidad debe ser entendida con el mismo esquema neurobiológico que la adicciones a sustancias. Mucha gente que padece de TAA y Obesidad, se queja de sentirse compelidos a consumir alimentos ricos en azúcar de manera similar a lo que siente un alcohólico por beber.

La adicción podría entenderse, desde el punto de vista neurobiológico, como una enfermedad cerebral crónica, adquirida y con tendencia permanente a las recaídas. Existe una incrementada evidencia respeto a que los mismos sistemas de recompensa involucrados en perpetuar la adicción a drogas, están envueltos en la búsqueda del placer y consumo compulsivo de alimentos.

El Modelo de la adicción ha sido aplicado a la obesidad y sobrealimentación de varias maneras. Pero, ¿Qué significa que alguien puede volverse adicto a la comida? Dos ideas han sido discutidas al respecto.

La primera, es que ciertos alimentos (aquellos altos en grasas y azúcar) son parecidos a ciertas sustancias adictivas, toda vez que comprometen sistemas cerebrales y producen patrones conductuales comparables a aquellas generadas por drogas de abuso. La segunda, hace referencia a que existiría una estrecha relación entre la conducta alimentaria y la drogadicción. La mayoría de las drogas de adicción actúan como anorexígenos y una disminución de la ingesta alimentaria mejora el placer producido por las drogas. Igualmente las enfermedades de la conducta alimentaria predisponen a una mayor probabilidad de adicciones a sustancias. Más aun, los pacientes adictos, al entrar a etapas de abstinencia, consumen altas cantidades de azúcar para aliviar el estado de disforia. También se sabe que el consumo de comidas gustosas, especialmente dulces, actúa como analgésicos en modelos experimentales con animales, con quienes se ha desarrollado el modelo de adicción a la comida.

En este mismo sentido, quienes critican dicha teoría, lo hacen aduciendo que los resultados obtenidos en cerebros de ratas, no podrían extrapolarse a la población humana. Sin embargo, están apareciendo nuevos estudios realizados en humanos con imágenes cerebrales funcionales, que corroborarían los hallazgos encontrados en modelos con animales.

Finalmente, lo que este modelo plantea, es  que el TAA seria un importante representante de la adicción a la comida de una subpoblación de gente obesa, la cual tendría una predisposición a generar adicción a la comida.

Frente al tratamiento de esta patología, lo fundamental es trabajar con un equipo multidisciplinario que integre tanto profesionales médicos (Psiquiatra, Nutrióloga) como especialistas no médicos (Psicólogos y Nutricionistas), con abordajes e intervenciones tanto individuales como familiares.

Dentro de estos, la evidencia apoya ampliamente la terapia cognitivo conductual, consistente en la modificación de distorsiones en torno a la imagen corporal y el empleo de estrategias conductuales que permitan modificar paulatinamente los patrones alimentarios de los pacientes que padecen un TAA.  Esta terapia es la que ha demostrado mejores resultados en el tratamiento de esta patología, siempre considerando la necesidad de mantener un abordaje multisistémico del paciente.

El pronóstico del paciente con un TAA es esperanzador y positivo en la medida que existe la suficiente motivación al cambio y la disposición a generar los cambios necesarios en el estilo de vida. La premisa siempre será la de “no dejar de comer”, sino la de “comer mejor que antes”.

Dra. Pamela Sanhueza Ojeda

Médico Psiquiatra Centro Nevería.